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Desencanto – Como en un tango pero con la gente adentro -.

El desencanto y la oposición responsable.

Desencanto es, para la Real Academia Española, la pérdida de la esperanza o la ilusión, especialmente de conseguir una cosa que se desea. Es la antesala del pesimismo. En palabras del poeta Alexander Pope:Bendito el que no espera nada, porque nunca debería ser decepcionado”.
Hay un 38% de personas, sufragantes leales, que depositaron sus sueños y sus convicciones en el FPV en las elecciones primarias del 25 de octubre pasado. Dato duro de la realidad: 9 millones y medio de votantes que creyeron en este proyecto, en sus logros en materia de derechos humanos, economía pedestre, empleo, disminución de la pobreza, entre otros, y sin mencionar temas de alto contenido emocional como el enfrentamiento con los fondos buitre por ejemplo, que representó para este universo un orgullo patriótico. Los tildan de tontos, torpes, mierda kirchnerista, somos cómplices de corrupción, del asesinato de Nisman, somos propietarios de una ceguera patológica y tenemos además una grasa militante, un estigma que se cierne sobre la militancia convirtiendo un don en una maldición para los fanáticos del periodismo hegemónico.

Desencanto

“Macri les recomienda quién debe liderar el movimiento que fundó Perón, cuyo fantasma no consigue espantarlos por las noches ni hacerles ruidos de cadenas como para que dejen de cagársenos de risa en la cara”.

Suman como mínimo 9 millones y medio, por falta de una estadística fidedigna y para evitar la especulación con los números del ballotage, el número de desencantados que contemplamos con horror a los saltimbanquis oportunistas moverse de su mandato a la derecha como Bossio, a peronistas de dudosa fidelidad como Urtubey replanteándose obscenamente quién debe liderar el partido. Para peor opinan sindicalistas tiesos y acomodados como Moyano, peronchos apócrifos como De la Sota, Liberales que se hacen los peronistas como Massa, y hasta el mismísimo Macri les recomienda quién debe liderar el movimiento que fundó Perón, cuyo fantasma no consigue espantarlos por las noches ni hacerles ruidos de cadenas como para que dejen de cagársenos de risa en la cara. La ningunean a Cristina por pavura, porque saben que si vuelve, no tienen chance. Cristina, que el día que se fue llenó la plaza como ningún presidente saliente jamás logró, y a la que dejaron fuera de la asunción de Macri para evitarse un papelón internacional de carácter histórico.
Resulta que ahora son una “oposición responsable”, si, “responsable”, de ver cómo les pasan por delante de sus ojos 50 mil despidos, Milagro Sala presa por protestar, la liquidación sistemática de los símbolos kirchneristas como el Centro Cultural, los cuadros volados y bustos fotografiados en el baño, la mordaza periodística cada vez más ostensible, inversamente proporcional al encubrimiento de los actos de gobierno más descarnados y faltos de humanidad. Te aumentan la luz un 900%, te devalúan el sueldo un 50%, te dan palo y balas si sos trabajador y fuiste despedido, y lo mismo si sos un pibe murguero y vivís en una villa;  te piden documentos en cualquier esquina por portación de cara, pero EL CAMPO está contento, todos podemos comprar 2 millones de dólares, la carne se fue a las nubes y el Futbol para Todos a la alcantarilla de los canales privados por un valor insignificante. Gobernadores e Intendentes genuflexos frente al altar macrista, esperando la bendición liberal para que le tiren un hueso porque ya están sintiendo en los fundillos, lo que serán los próximos años.
Mientras tanto, el desencanto no se nos va y de a poco nos gana una sensación de pesimismo y desamparo.  No hay señales de mea culpa, los más avergonzados como el Cuervo Larroque, aseguran que los trapitos se lavan… pero adentro, Gabriela Cerruti, solita su alma, junta gente, moviliza, milita como puede. Un poco de Axel, un poco de Héctor Recalde defendiendo los trapos a contramano, pero no mucho más.
Parece mentira que con la fuerza de movilización que supo generar el FPV seguimos sin reaccionar, pero no solo no reacciona la gente de a pie, no reaccionan los líderes, tanto los que tienen que mover el elefante, como los que deben empujar la lapicera, que duermen su siesta soporífera sin entender demasiado por qué nos está pasando todo esto y un poco sacándole el culo a la jeringa.
Y es bueno responderse de una vez por todas si Scioli era o no el candidato correcto, en qué se parecía él a Néstor o a Cristina, si las fracturas internas a causa de esta elección no se habrían evitado si lo mandaban a competir con Randazzo en las PASO, así por lo menos el que ganaba tendría toda la representatividad evitándole a elector, la sensación de “votar tapándose la nariz”. Hay que sacar toda la mierda, decirse las cosas en la cara, allanar los rencores, llorar y hacer el duelo, poner las culpas a juicio del electorado y aguantarse las puteadas, pero pronto, para reorganizarnos y empezar a proteger las cosas que se ganaron en los últimos doce años, antes que devasten hasta los recuerdos.  La buena noticia es que como dice el pedagogo Pablo Gentili “No hay utopía sin desencanto”.

Marcelo Urbano

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