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AFA – La frutilla de la grieta que nos morfamos

AFA (Historias de la Argentina Partida)

AFA - Tinelli y Segura

AFA: El Tiburón y la Anguila – Arte Digital Marcelo Urbano

Sucedió en la AFA pero da igual, estamos partidos por donde lo mires. Hay mucha gente a cada lado de la famosa grieta aunque este término es una reducción al absurdo del fenómeno que nos separa en todos los ámbitos, que tiene profundas raíces históricas y es mucho más que un defecto cultural, como pretendió enunciar Lanata en uno de sus sesudos diagnósticos de la realidad. Buscar entre estas ruinas colectivas no se hace ni desde la espeleología, ni desde la psicología social, ni siquiera desde un buen gobierno…

La votación en la AFA fue una prueba más de la separación simétrica que divide en dos partes casi perfectas todo lo que nos pasa. Nos separa la exigua diferencia en los resultados de las últimas elecciones, naturalmente, porque no alcanza para convencer a nadie. Dos puntos es apenas poco más que un empate, sin embargo se viene contra todo símbolo del presente, mostrando un poder omnipotente, con una receta electoral basada en el marketing y los mensajes de autoayuda, pero con mayor fiereza y peores armas que las que tanto le criticaron al gobierno saliente. No hace falta explicar lo del procesamiento de Macri barrido bajo la alfombra, ni las embestidas contra Gils Carbó, Tristán Bauer, Sabatella y Vanolli, ni la eliminación por decreto de 6-7-8. Se olfatea el conflicto.

Nos separa la justicia, con una corte suprema que es menos “suprema” que la de pollo, que es poco confiable, alimentada a puro recelo y descrédito y sobrevolada por una bandada de jueces disputando una imposición ideológica y política, que ya ni les preocupa disimular. No se consideran independientes, se creen sagrados.

Nos separa la prensa, que hace de la opinión inversa un coto de caza y se le desea con odio, que quede sin trabajo al que mostró preferencia ideológica, que abona las consecuencias apagando el fuego con papel picado y querosén. Eso si, lo hacen poniendo caritas de boludos. Me tomo de la frase de Beto Casella que invitó a sus colegas periodistas a darle un descanso a la gente y dejar de alimentar el odio con sus comentarios.

Y como si no fuese suficiente, nos separan los árbitros entre dos gremios, que no pueden vivir sin desconfiarse, sin chicanearse, sin ladrarse cuando se cruzan, porque siempre parecen vivir en el equívoco y con naturalidad afirman que nadie les cree; poco más o menos que las CGTs, donde Moyano coquetea con los adversarios de manera sospechosa y los de la otra orilla se esconden para putearlo y los trabajadores ya no saben qué creer.

Nos separan los encuestadores, que no importa para quien se equivoquen, no los une el error sino el espanto. Nos separan los actores que se reprochan posiciones políticas canjeadas por trabajo. Todo, absolutamente todo está partido al medio y no se ve por dónde está el camino de la tranquilidad o de la pacificación.  Es que no hay que ser sociólogo para darse cuenta de todo lo que nos está consumiendo como sociedad. Pero esto no es de ahora, es de siempre, desde el cabildo abierto de 1810. Repasen la historia y verán cuánta razón tengo. En todo caso, los que le echaban la culpa de la grieta a los Kirchner deberían preguntarse ¿y por casa cómo andamos?

En este contexto, parece desproporcionado el tema AFA y sus secuelas. Me pregunto si hizo bien Marcelo Tinelli en mediatizar su campaña, poner en vilo a todos los habitantes del país (y digo en vilo, en virtud de la ansiedad con que se vivió el frustrado evento del comicio en la sede que la AFA tiene en Ezeiza; 500 periodistas, televisado por aire y por cable, por canales de noticias deportivas nacionales e internacionales, las radios transmitiendo en directo, un boom). Resulta que le habló a la gente común por TV en su programas que son los de mayor rating de Argentina, replicó en todos los programas de chimentos, e instaló su presidencia a la AFA como la verdad iluminada. Pero los que votaban eran solo 75 personas. Terminó en un empate, se ve que la mitad de esta gente no le entendió demasiado el mensaje. Puede que los papelitos se hayan pegado como una señal del infierno que les mandó Don Julio pero ahí también se nota la separación con rasgos de deslealtad.

Me huele a que si no estaba Tinelli esto no le importaba a nadie, como no le ha importado antes, cuando había motivos para criticar las funciones de gallos y medianoches con las que Grondona se servía del poder. Al mediatizarlo, el conductor exacerbó la sensación de injusticia en la que vivimos, en la necesidad de cambiar por cambiar, porque lo otro, no importa qué, ya me tiene repodrido.

Nos separa aquello que debiera unirnos que es la propia argamasa en que nos constituimos como argentinos, seres humanos que vivimos en el mismo lugar, bajo las mismas condiciones generales objetivas. Me preguntaba en el primer párrafo quién debiera ser el responsable de buscar entre estas ruinas colectivas, y la respuesta es muy simple: esto lo puede hacer cada uno de nosotros de manera individual y la contribución es personal, paciente y generosa, sin esperar nada a cambio.