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Dimensión Cristina – una mirada humana a la persona

Cristina se va

En pocos días másCristina se va Cristina, una morocha argentina que llegó a presidenta, una mujer inteligente, díscola y rebelde, rigurosa y frontal, dueña de una alta actitud de servicio hacia el que menos tiene, y de una exasperante elocuencia para ponerse en la vereda de enfrente de sus adversarios. Entre sus aptitudes irrefutables, prevalecen la claridad de su pensamiento geopolítico, una oratoria impresionante y un cuero poco común que le permitió, por ejemplo, llorar con dolor la muerte de su marido, que era su escudo y a la vez, gobernar sin revelar el más leve rasgo de debilidad.
Muy pocos se han tomado el trabajo de revisar su liderazgo desde la dimensión humana. Se le han criticado las formas, como excusa que permita soslayar la discusión de fondo de todos los asuntos. Quizá, es mejor para ellos la amabilidad de un farandulero que fomente relaciones carnales con quienes se quedan con todo mientras gozan, o la afabilidad del mandatario pusilánime que huye en helicóptero viendo desde la ventanilla las calles sembradas de muerte y de miedo, o la excelente predisposición al diálogo de cabezones que pesifiquen con asimetría para que las corporaciones le deleguen el costo de la fiesta a los más necesitados.
Nos hicieron pelota con una sonrisa, nos metieron la mano en la billetera con una caricia y un abrazo contenedor. Nos fueron dejando en pelotas pero con urbanidad. Y me pregunto, entonces, para quienes cuestionan sus modos: ¿cómo quién hay que ser para defender los intereses supremos del país?, ¿como Guido?, ¿como Frondizzi?, ¿como Illia?, ¿como Onganía, Levingston, Lanusse, Cámpora, como el deteriorado Perón de la 3ra presidencia, como Isabelita, Videla, Viola, Galtieri, Bignone, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Rodríguez Saa o Duhalde?  Todos los presidentes anteriores al flaco Néstor, incluso los más lejanos que me ahorro enumerar para no aburrir, terminaron agachados por los contrapoderes de la no política, es decir por el Poder Real. Revisen la historia, comparen y denle el beneficio del respeto.
El poder es masculino y es misógino. A la morocha no solo no le perdonaron que ejerciera al máximo su poder, hasta la médula, hasta raspar el hueso, afectando a quien afecte, solo porque hay un fin supremo que contiene cada vez más inclusión, cada vez más libertad y más memoria; la economía al servicio de la política, la política al servicio de la gente. No le perdonaron que fuera mujer, independiente, indócil, valiente, contestataria. Pero como para ellos no hay mérito en esto, perdieron de vista la dimensión humana y eludieron ponerse en sus zapatos. La tildaron de fascista, de loca, de enferma de Ubris, de estirada y hasta de usuaria de Louis Vuitton. Ella, Cristina, habla en una dimensión que para ellos es chino básico, y como no dan la talla para discutirle de igual a igual sobre política nacional o internacional, solo les queda el consuelo del agravio, de atacar a la persona en lugar de a sus ideas. Nadie en la oposición mediática, juzgó al enemigo de la patria y a quienes codician los intereses supremos de la nación, con la misma dureza con que se juzgó a Cristina por cuestiones de forma, nimiedades y maneras.
La morocha se plantó, pero siempre contra los más fuertes. Ninguna de sus actitudes, ni una sola, tuvo un impacto negativo en los que menos tienen, en las mujeres o en los niños. Ella no le declaró la guerra a nadie, solo afectó intereses; y tomó sus armas políticas y su retórica agresiva, con las que resistió embates, muertos tirados a sus plantas, golpes blandos, desplantes, injurias, estigmas, tapas pornográficas, falsas acusaciones, y un mínimo de 2920 noticias malas (una por día de gobierno), o mal contadas, o contadas al contrario de lo que ocurría, con verdades ocultas entre mentiras, con mentiras ocultas entre verdades; en cientos de multimedios monopólicos, que juntan diariamente más audiencia que la tan defenestrada cadena nacional. Nadie, al otro lado de la grieta, cuestionó la actitud del grupo Clarín, ni le adjudicó el verdadero mérito en el mal humor producido en la gente; para ellos solo Cristina ha sido responsable del exasperante enfrentamiento, evitable con apenas reconocerle al monopolio sus privilegios y no molestarlo con leyes que vulneren sus intereses.
Se los dijo en la cara, por todos los medios con los que pudo contar, en todos los lugares en que tuvo audiencia, y cuando intentaron invisibilizarla se las ingenió para encontrar la manera de informar sus actos de gobierno, sus logros y sus planes, sus objetivos personales y sus anhelos. Y los hacía hervir de odio, porque querían voltearla para que sufriera, para que se fuera por la puerta de atrás, abucheada, insultada por todos, en el más desdoroso de los descréditos. Y la morocha se la aguantó hasta el último día de trabajo, por el que la votó el 54% de los argentinos, porcentaje que nadie pudo igualar ni repartiendo entre dos, el balotaje. Se prepara para una despedida multitudinaria entre los que la quieren, que es más o menos la mitad de los argentinos. Y se ha ganado un lugar en la historia que ninguno de sus detractores logrará ocupar.
CristinaY ya que hablamos de hacer historia, también se plantó en la ONU y habló de Malvinas, de Buitres, de América Latina. Siempre habló de intereses argentinos. Se sentó a negociar con las grandes ligas sin transpirar de miedo, sin dejar hilachas de su país en la mesa. Pagó la deuda que le heredaron, defendió sus convicciones poniendo el cuerpo, la garganta y algunos otros órganos mayores en franco deterioro, porque es una persona a la que el tiempo le deja impresas las huellas como a cualquiera de nosotros.
Se va dejando un país ordenado, sin conflictos, con un incuestionable menú de logros y un montón de cosas por hacer, porque el tiempo nunca alcanza y no nos sobra nada en este mundo, en esta América ni en esta Argentina. ¿Cometió errores?, claro, como todos, como cualquier ser humano. Solo que a ella le tocaba gobernar un país. Es dura, es ríspida, si; para sobrevivir entre lobos hay que ponerse una coraza de personalidad, ¿o se creen que el management de las corporaciones son bebes de pecho y no ven con codicia a la Argentina, o que los tipos que se sentaron sobre los dólares por amor a la especulación, y se dicen patriotas, son pacíficos hacendados que solo buscan el bienestar general; o que los buitres son solo inversores bienintencionados que solo buscaban ganarse unos pesos? Vamos, muchachos…
Es mujer, es hija, es madre, es abuela y también es una estadista brillante que se ganó el respeto en todo el mundo, tanto de aliados como de adversarios aunque aquí no se lo quieran reconocer. Con su talante le dijo al mundo que con Argentina no se jode. No sé por qué se esperó de ella que fuera otra clase de persona, que hablara boludeces o fuera pavota. Parece antipático pero lo que deberíamos esperar de un buen presidente es que sea un piloto de mano firme en la tempestad, que no se quiebre nunca a pesar del temporal y nos deje en buen puerto sin perder nada de lo conquistado.
La morocha, a su manera, lo logró, aún contra los vaticinios nefastos que le auguraron con inexorable obcecación durante cada uno de sus días de gobierno. Intentarán empañar su mandato acusándola de cosas, se escribirán cientos de notas en venganza para que la historia no sea tan benigna. Pero Cristina se va con gloria al menos para la mitad de los argentinos. Algunos respiran satisfechos, pero muy en el fondo de su alma, saben que la morocha es difícil de igualar, y ruegan, imploran, suplican a Dios, no tener que decir dentro de cuatro años: Cristina volvé que te perdonamos.