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FELIPE V Y SU ESCUDO VIRTUAL.

Fragmento del retrato de Felipe VResulta que las primeras huellas de la existencia de armas y escudos virtuales, proviene del 1700. ¿Una tecnología del barroco tardío?, ¿un poder sobrenatural?, ¿Un burgués pequeño, pequeño? Lo cierto es que Felipe V de Borbón, conocido como El Animoso, era dueño de un poder nacido en su interior más profundo y que aquí vamos a desvelar. 
Felipe V fue Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Milán y soberano de los Países Bajos (no abarca reinos como Liliput, Pitufilandia, ni tierras australes repletas de enanos facistas). 
Todavía no existían los juegos como Game of Thrones, Call of Duty, ni siquiera La Rayuela, así que a los soberanos les daba por bajar la angustia produciendo guerras en serio. Y a Felipe, esto no le era ajeno, porque su ascenso representaba la hegemonía francesa y la unión de España y Francia bajo un mismo monarca. Como es de suponer, se formaron bandos dentro y fuera de España que no aceptaban al nuevo rey al tiempo que apoyaban al Archiduque Carlos de Habsburgo. La guerra civil estalló y geopolíticamente sucedió lo que los estrategas franceses denominan le quilombé. 
Lo cierto es que el soberano empezó a incubar cierto complejo de bipolaridad conspirativa que lo obligó a poner distancia con todo lo que se acercaba, sea este humano, animal o vegetal. Se lo empezó a ver un poco descuidado, por cuanto ya no permitía que le cortasen el cabello y las uñas por temor a los objetos filosos, un siquiatra moderno lo diagnosticaría como Belonefobia, la medicina clínica como trastorno de ansiedad, y mi abuela Maruca como un hippie roñoso de Woodstock.
Ciertos escritos dan cuenta de que se lo veía caminar por la sala real con alguna dificultad, como pisando huevos, y esto se debía a que de tan largas se le habían enroscado las uñas de los pies y era un suplicio transitar con mocasines. 
De pronto empezaron a vivir con las cortinas de brocato cerradas todo el tiempo, para eliminar cualquier vestigio de sol, porque  aseveraba que su sombra quería matarlo. Todavía no se había inventado el desodorante de ambientes, por lo que el palacio hedia como un establo en el que estuvieron hirviendo repollo. Cuando golpeaban la puerta para pedirle audiencia, el tipo negaba ser quien era. Cuando venía la repregunta: ¿y entonces usted quien es?, la respuesta inequívoca era: “Un Sapo de la Laguna”. Con el paso del tiempo, fue enriqueciendo la dialéctica al otro lado de la puerta con argumentos tales como: soy un muerto, soy un recuerdo y hasta un soy lo que soy, mi propia creación y mi destino, frase en la cual se inspiró Jerry Herman para su  musical de Broadway La cage aux folles…

Retrato de época Felipe V y esposaFue por esos días que constituyó su legendaria Armada de Comilones, soldados gastronómicos que tenían por misión, arriesgar su vida probando la comida del monarca. Pero la frutilla de la tarta fue la iofobia. Acaso la primera causa de la aparición de su escudo virtual fue este trastorno que los acólitos de Freud describirían más tarde como miedo a las sustancias venenosas o a ser envenenado. Felipe estaba convencido de que sus enemigos querían envenenar sus ropas lo que determinó que no se cambiara la camisa por muuuuucho tiempo, inventando para toda la posteridad, para los estudiosos de las armas de guerra y para inspiración de los ingenieros en perfumería francesa, el nunca bien ponderado “Chivo del Sobac”. Ante cualquier acercamiento, el rey levantaba los brazos desplegando el oloroso escudo, que expulsaría incluso hasta al más congestionado.
No hay quejas escritas sobre la calidad de su reinado. Con tanto escudo, tanto cuidado y tanta fobia, logró evitar exitosamente todo atentado hacia su persona. La real consorte (abstenerse de apocopar como RESORTE), Doña Isabel de Farnesio, supo incentivar con soberano interés, costumbres exóticas como el carnaval, que le daban la excusa perfecta para un baldaso de agua preventivo que limpiara el tufo mugroso de su marido, quien accedíó  a esta práctica con gracia y ayuno de malicia. Doña Isabel, silvando bajito y con barroco disimulo, tomó el control de los asuntos del reino para evitar que alguien pudiera acusar a Felipe de Insano y la privara de las mieles del reino obligándolos a abdicar.
Un día Felipe V dejó el trono por razones de fuerza mayor, un derrame cerebral. Pero fueron unos locos 45 años y 3 días, el más prolongado reinado en la historia de este país. Casi tanto como ELVIS que sigue siendo el rey.