Image

DORMIR NO ES ESTAR AL DOPE.

Yo la abracé como cada noche, como cada tarde en que las circunstancias nos dejan un rato para estar juntos; la persiana estirada como Luli Salazar, dejando pasar solo un poco de claridad por las rendijas como el Rabino Bergman y ocultando algunas miserias como… como era de esperarse. La sábana limpia, olor a nada, a nada que perder, a nada que tirar, a nada porque te ahogas. Me sumerjo en ella, la nariz es mi proa, los mocos las algas, la baba un bochorno, (y ahora que lo pienso ¿qué bochorno lavaba?). 
Ya estamos navegando por un océano conocido y placentero y la abrazo con más fuerza, porque ella nunca se manifiesta en contra, no anda con pancartas en los cacerolazos, no genera conflictos como los camioneros, me acompaña secretamente sin avivar bocinazos en el obelisco, sin generar sirenas en avenida Belgrano y Sin-Teplas cubriendo los techos,  en este placer que compartimos. Si, licenciado Samarulli, creo que me enamoré de mi almohada. 
Lo primero que quiero confesar es que es muy complicado llegar a este placer teniendo la tele encendida. Un chisporroteo de imágenes y sonidos conspira con este secreto momento de profundidad. Encima si un mal movimiento de mano te dispara el control remoto y se te instala TN durante toda la noche, podrías despertarte deprimido, angustiado o meado. Y los olores conspiran con el amor, ¿vio? A mí lo de TN me huele muy mal.

Morguefile

Si de querusa se te llega a abrochar una inquilina sexual, le tenés que aclarar disimuladamente y con tus palabras, que con esta almohada no se jode, que de allá para acá es territorio privado, y que un encuentro amoroso podría tomarse como un trío, dadas las circunstancias. Seguro que yo la guardo en el ropero para que no sufra (a la inquilina, no a la almohada). O en todo caso veo que no apoye en la funda sus partes pudendas y nada de olvidar pedacitos suyos en mi compañera de todos los días. Un día me dejaron cuatro rodajas de pan lactal y dos fetas de fiambrín, así que yo escarmenté, si querés cenar en la cama, traete la bandeja que está en el bajomesada.
MorguefileEl verdadero problema radica en tener malos sueños. ¿Qué habrás hecho pillín que te dormiste pensando en cosas que te generaron pesadillas? El otro día la almohada se me cayó y quedé boca abajo solo y desprotegido. Soñé que me llamaban del banco para avisarme que el pago automático de Aguas Argentinas por 108 pesos me había dejado en descubierto. Me desperté destapado y con sed. Abrí la canilla y no salía agua, intenté bañarme pero salía un chorrito finito como Britney Spears (bah, Britney es una chorrita finita).  Típico: Aguas Argentinas + Banco =  ahogo financiero… Mejor me vuelvo a dormir hasta que se me pase. 
Es que en realidad la almohada es el escudo de lo que nos desvela. Pienso en mi sedentarismo y en que me expongo bien poco a la luz, entonces me abrazo a la almohada y me duermo. Calculo que me falta ejercicio aeróbico, entonces me abrazo y me duermo. Siento que me quedo dormido parado, no llevo mi almohada conmigo y, curiosamente, me dejo llevar. Le hago los cuernos, me apoyo en los codos, en el hombro de un viajero casual en el subte,  en la mochila de una estudiante secundaria, en la caja de herramientas de un gasista. Y de agarrero nomás, me tiro al abrazo, pero no lo hago conscientemente. La última vez, licenciado Samarulli, me abracé a una policía y aquí me ve, analizándome con el psiquiatra forense.